Pareciera que el Universo está inclinado.
En toda reacción, sea del tipo que sea, existe un proceso por el cual los reactivos se combinan en una secuencia que arranca con un potencial, y que, en una tendencia asintótica, se encamina hacia un equilibrio energético. Aparentemente esto es siempre así, y como resultado se produce un estado más complejo que el de partida.
Este hecho que liga la tendencia al equilibrio energético y el aumento de complejidad del estado es lo que se conoce como entropía. En el Universo la entropía siempre aumenta y constituye la flecha del tiempo.
A finales del siglo XIX, en la década de 1870, el físico austríaco Ludwing Boltzman, pionero en la mecánica estadística, haya la expresión matemática de la entropía desde el punto de vista de la probabilidad.
Si dos cuerpos en diferente estado energético se ponen en contacto, la empírica nos demuestra que el cuerpo caliente transferirá su energía al cuerpo frio y nunca al revés, llegando a un equilibrio térmico, sin embargo, el proceso contrario no es físicamente imposible, y será la estadística la encargada de demostrar la realidad que acontece.
Si tiramos un dado, cada una de las caras tendrá la misma probabilidad de salir que el resto de las caras del mismo dado, pero si hacemos el sistema un poco más complejo, vamos a empezar a observar una tendencia.
Al tirar dos dados y sumar el valor de ambos, empezamos a ver que los resultados posibles no conservan la equidad estadística, así, obtener un dos es posible únicamente si ambos dados salen uno, por el contrario obtener un siete es posible a través de varias combinaciones numéricas, de modo que es más probable obtener un siete porque hay más configuraciones del sistema que como resultado arrojan el valor siete.
A medida que lanzamos una y otra vez los dados, se comienza a dibujar una campana de Gauss, y si el experimento se hace cada vez más complejo aumentando la cantidad de dados lanzaos en simultaneo y sumados sus valores, el valor central de la campana de Gauss se destaca más y más del resto de posibles valores, hasta que a partir de una cierta cantidad de dados el resultado ya no cambia.
La realidad aleatoria demuestra una gran estabilidad cuando es resultado de una interacción compleja.
En resumen, podemos decir que las cosas se dan como se dan, no porque no puedan darse de otra forma, sino porque para que así sea, existen muy pocos caminos en comparación con los caminos que llevan a la realidad que acontece. Las cosas se dan por ser la configuración más probable del sistema.
Esto quiere decir que la variabilidad de los resultados depende de la complejidad del sistema, en un sistema de dos dados es bastante probable obtener un dos, mientras que en un sistema de, digamos, quinientos dados es casi imposible no obtener el valor central de su campana de Gauss.
A nivel atómico, esto quiere decir que no sería poco frecuente observar cómo dos moléculas de un elemento, a diferentes temperaturas, y en contacto mutuo, aumentaran su potencial una con respecto a la otra, pero a nivel macroscópico, esta posibilidad es prácticamente nula, y cuando digo “prácticamente” estoy diciendo que no se da.
De todo esto se podría decir que para observar la “verdadera naturaleza” de algo, es necesario observarlo en una cierta cantidad, y esto es así, porque de otra forma estaríamos observando una naturaleza en desequilibrio consigo misma que aún no hubiera madurado para mostrarse como debiera hacerlo en forma definitiva.
Hemos dicho que la entropía aumenta en la medida en que aumenta el equilibrio energético del sistema, al tiempo que aumenta la complejidad del mismo, y que todo esto se da por ser la configuración más probable del sistema. Así pues, podemos decir que la aparición de la vida no podría ser de otra manera.
Por lo que, si consideramos el surgimiento de la vida, no como una casualidad imposible o un milagro que no debiera haber sucedido nunca, sino como una consecuencia lógica del sistema y su derrotero, vemos que la vida no es otra cosa que un sistema de gran equilibrio energético, que, de hecho, es la única estructura en el universo que reacciona frente al medio en pos de conservar su condición de equilibrio; sino que además representa una estructura en extremo compleja que aumenta tal condición de complejidad y equilibrio en la medida en que mejor se adapta al medio.
Ahora podemos ver como en esa pendiente Universal por la que se deriva la materia al tiempo que reacciona y se mezcla, alcanza en un momento, el nivel de entropía suficiente para que la vida surja. La vida surge y se replica y se diversifica, y como consecuencia de sí misma surge una superestructura de mayor entropía que son los ecosistemas.
Un ecosistema rico es estable y como consecuencia de su biodiversidad, el resultado que se obtiene es el del valor central de su campana de Gauss. Cuando se esquilma un ecosistema, la respuesta de este comienza a variar, tanto más cuanto mas pobre se vuelva. Este es el límite de la acción humana, el de la enfermedad que el mismo desequilibrio le pueda causar.
Hasta aquí, ni el orden material ni el orden vital parecen producto de ninguna intervención o voluntad o propósito.
Cuando Charles Darwin publica su famosa teoría de la evolución de las especies, es radical al proponer, en contra posición a Jean Baptiste Lamarck, que el sistema evoluciona como consecuencia del azar, y que no hay ningún propósito en la evolución de las especies, que las especies, como producto de la interacción con el medio, mutan, y estas mutaciones permanecen solo cuando, por medio de la selección natural, demuestran una ventaja adaptativa, y esto es así cuando la nueva configuración del ser recorta el potencial de sí misma con el medio, es decir, avanza en el sentido del equilibrio energético.
De vuelta, y al igual que sucede con la materia, no podemos entender a la humanidad desde el estudio del individuo, para conocer la realidad humana es necesario estudiar al ser humano en su conjunto, en sociedad.
Adam Smith, economista que postulaba en el siglo XVIII, cómo la aleatoriedad de las acciones individuales, motivadas por sus beneficios individuales, establecen un escenario que premiará una cierta mutación de la oferta o la demanda, cuando la misma demuestre una cierta ventaja adaptativa, como si una “mano invisible” dedujera aquello que fuera más beneficioso para la sociedad. Esto es solo frente a este escenario ideal totalmente distribuido, porque no se puede avanzar entrópicamente sobre una realidad cambiante debido a la intervención del hombre.
Esta “mano invisible” que modela las relaciones económicas, y que modela la estructura de la vida, y que modela también la materia, parecería relacionarse con esta “pendiente” natural del Universo que arroja a la materia por esta senda tendente al aumento de entropía.
Continuando con la secuencia lógica, estaríamos en posición de abordar el desarrollo de la cultura.
Culturalmente, tenemos muchos problemas, parecería que en este plano del desarrollo el objetivo de la cultura es el contrario a todo lo que ocurre fuera de dicho campo. Aquí lo que prima es disminuir la entropía, la idea fundamental es la de, digamos, “evangelizar” Simplificar, llegar a un lugar en que todos pensemos igual, todos por fin nos entendamos, pero porque pensemos lo mismo. Sin embargo, todo esto es un espejismo que voy a tratar de resolver.
En primer lugar, hay que decir que desde la razón no se trabaja con la realidad, sino que lo hacemos con los conceptos que remiten a una realidad pero que es una simplificación de la misma, algo que, desde el punto de vista de los datos, y en contra posición de la realidad “pesada” que arrastra consigo a toda la realidad, la data del concepto vendría a ser ligera, como una imagen con pocos pixeles pero que igual reflejan la realidad a la que representan, y que nos permite construir de forma ágil e intercambiar ideas.
La humanidad es capaz de arrancar del medio aquello que es objeto de su deseo, pues el concepto mismo identifica, en su naturaleza digital, sus fines como entidades completas en sí mismas, parcelando la realidad y modificándola sin atender al conjunto de sutilezas que, por el contrario, dan forma y ligan al mundo analógico en el que nos encontramos inmersos. Estas rupturas parciales del medio, desencadenan una serie de consecuencias cuyos efectos descolocan a un ser que se aleja lenta pero inexorablemente del medio para el que fue hecho, generando nuevos interrogantes, conceptos más complejos, y un mayor entendimiento de la realidad con el que intentará aproximarse nuevamente en la construcción de diseños más integradores.
En esta escalada de integración, la humanidad encuentra su horizonte de saturación, el tamaño de los conceptos comienza a asemejarse demasiado a la realidad a la que representan y comienzan las dificultades para computar tanta información. Digo que este es el estado en que vive actualmente la humanidad, de saturación, donde rondamos tan cerca de la realidad que perseguimos, que cualquier avance en cualquier dirección o materia que se desee integrar al concepto o diseño que sea, al aplicarlo simplemente nos alejamos, porque el nivel de sutileza que requiere es tal que supera la clase de error que podemos cometer.
Superar este horizonte implicaría abrir un nuevo horizonte donde fuera posible, de alguna manera, sobrepasar la cultura digital para avanzar sobre la cultura orgánica.
La resolución de éste conflicto pasa por los mismos canales por medio de los cuales hemos avanzado hasta donde nos encontramos, arrojándonos por la pendiente del Universo, siguiendo el camino de la entropía; esto sucede en la medida en que logramos retirarnos del control activo de la solución, es decir, cuando permitimos que la solución transite el camino de su propia independencia; será a partir de este momento que estaremos entrando en un estadio protoorgánico, a través del cual, la solución adquiere identidad propia y en cuyo horizonte más avanzado la misma adquiriría vida.
La entropía es una ley que como la de la gravitación universal provoca la precipitación de la materia en forma en que ésta favorezca, se encamine, o de pie a la vida, y la civilización es un reflejo de ella.
Cuando estudiamos las estructuras sociales, ya sean territoriales, administrativas, etc., lo observado en este campo es básicamente el de un estado de conservación, en absoluto entrópico, de manera tal que las jurisdicciones, administraciones, etc., no han sufrido cambios sustanciales desde la formación de los estados modernos o incluso mucho antes.
Estas estructuras representan los micro estados de un estado macroscópico que surge como resultado de la combinación de los micro estados existentes; la entropía vaticina un inexorable aumento en el número de micro estados que, en la medida en que así crecen, definen mejor y mejor el valor central de su campana de Gauss, que no es otra cosa que el estado de mayor equilibrio energético al que el sistema puede acceder. Equilibrio energético que en términos sociales bien podría llamarse paz.
Si aplicáramos la entropía a dichas estructuras sociales, el número de jurisdicciones debería tender al aumento, con más ciudades, más administraciones, etc. En la reticente lucha contra la entropía del sistema, las administraciones se hacen más y más grandes, pero en definitiva, este aumento poblacional no conduce a una mayor cantidad de dados, y toda esta complejidad se reduce al mismo concepto pobre que la representa.
En favor de la entropía, el sistema debe promover la proliferación de mayor cantidad de micro estados, de tal manera que todos sean posibles, huyendo de la idea de cancelar aquellos que se perciban como adversos o peligrosos, pues sólo lo son en la existencia de un conjunto escaso de micro estados entre los que podrían antinaturalmente destacar, por ser parte de una diversidad pobre, mientras que su existencia en un conjunto libre y cuantioso de micro estados, sería meramente anecdótica y lejos de significar un riesgo, me atrevería a decir que afianzarían la postura general al mostrar sus falencias de forma aislada y seguramente fugaz.
Paradójicamente el intento de controlar el devenir de la civilización humana hace más factible la proliferación de posturas extremas y antinaturales, según es la naturaleza humana la cual revela su verdadero rostro en la cantidad, y riesgosas para la salud de la civilización al sintetizar los cimientos sobre los que se edifica nuestra construcción social y mostrar ilusoriamente un estado improbable como norma aceptada.
Así pues creo que se debe definir un sistema de surgimiento dinámico de estructuras sociales que promueva la formación y reformulación de estas mismas estructuras sociales para licuar esta civilización sólida y que las moléculas que forman el tejido social se desparramen como un líquido más o menos viscoso que ocupe el espacio de interacción en una forma de mayor estabilidad y concordancia con la verdadera naturaleza que nos rodea y que somos.
Y la mejor idea que se me ocurre hasta ahora, para lograr esto, es la de la ley de “jurisdicciones dinámicas”
A partir de un cierto volumen poblacional, los ciudadanos, por medio de una solicitud respaldada por un número representativo de firmas de dicho volumen ciudadano en un territorio de determinada continuidad espacial, deberían tener acceso directo a una consulta vinculante que, en caso de prosperar mediante una mayoría determinada, genere por, no menos de un tiempo prudencial, la nueva estructura administrativa.
De esta forma creo que podemos subirnos al carro de la evolución universal, una solución ajena a nuestra razón y a nuestra voluntad, que podría decirse que “tiene vida propia” y que por sobre todas las cosas es analógica y, por lo tanto, estará a la altura de continuar el desarrollo de nuestra cultura allá donde, por nuestras limitaciones, perdemos eficiencia y podemos jugarnos en contra.
Se trata de generar un sistema controlado, en el que podamos ser perfectamente humanos y equivocarnos, y pensar lo que queramos en todo su espectro en algún lugar y al mismo tiempo, sin miedo a auto sabotearnos.
En cualquier caso, el camino del control pasivo, aquello que nos permita superar el estado de saturación de la cultura, no deja de ser para nosotros un salto de fe, los resultados van a venir acompañados de una neblina de difusas razones, pero lo importante es entender que esta es una realidad en la que siempre hemos estado inmersos solo que ahora se ha de contemplar y asumir, de manera tal que el mecanismo que genere dicha solución habrá de construirse sobre bases coherentes que hagan posible el control pasivo de la solución hacia la que nos dirigimos.