Si lanzo un dado, las probabilidades de obtener cada una de sus caras, y si el dado no está amañado, son las mismas. Si lanzo dos dados y contemplo el resultado de la suma de ambos, la cosa ya no es tan simple, ahora existirán resultados con más probabilidad de salir que otros. Así para obtener un dos, será estrictamente necesario que ambos dados muestren el número uno, mientras que varias combinaciones de dados obtendrían como resultado el valor siete. Se comienza a dibujar en los resultados obtenidos, tras varias tiradas, una campana de Gauss. En la medida en que aumentamos la cantidad de dados lanzados en simultaneo, el valor central, como resultado más probable, se destaca más y más del resto de posibles valores, hasta que, a partir de una cantidad de dados lanzados, el resultado que se obtiene ya no cambia.
Este hecho no impide que para cada uno de los dados, la probabilidad de que salga cada una de sus seis caras, sea la misma. La realidad, aleatoria, demuestra una gran estabilidad cuando es resultado de una interacción compleja.
Si el resultado invariable de una enorme cantidad de dados lanzados y sumados sus valores, es el macro estado que observamos, cada uno de esos dados, que individualmente contribuyen a la construcción de dicho resultado, es un micro estado del sistema.
Este macro estado no es otra cosa que la configuración más probable del sistema; nada ni nadie impide a ningún dado obtener un resultado determinado, así, los tres millones ochocientos mil dados que podamos lanzar, bien podrían mostrar, todos, la cara uno en la misma tirada, pero la probabilidad de que esto suceda es tan baja que, en la práctica, esto simplemente no pasa.
Como vemos, en la medida en que aumentamos la cantidad de micro estados del sistema, el macro estado correspondiente se define más y más, y la única forma de obtener un resultado distinto es simplificando el sistema al disminuir la cantidad de micro estados, lo que hace más variable el resultado obtenible; de la misma manera, tan solo existe opción de lograr resultados extremos en la medida en que simplificamos la realidad, tanto como para que esto sea posible.
Cuando observamos un material, vemos que sus propiedades son estables, cada material tiene sus características en tanto conductividad térmica o eléctrica, densidad, dureza, etc. Sin embargo estas propiedades no son las mismas a nivel atómico, aquí la variabilidad es muy grande; solo a partir de un número de átomos es que estas propiedades comienzan a ser estables y, de hecho, la realidad es tan predecible que sobre ella hemos construido toda nuestra cultura. Y esto es así porque incluso el más pequeño objeto que imaginamos está compuesto por miles o millones de átomos.
El Universo entero consiste en una gran composición sumida en un gran proceso de reacción que, a nuestros ojos, podría parecer eterno. En este eterno reaccionar existe un proceso, a través del cual, lo que sucede, y así como lo que está por suceder, es consecuencia de ser la configuración más probable del sistema.
Si lanzamos al tapete la cantidad de átomos que existe en el Universo, siendo que cada átomo, según el estado de cada una de sus partículas, puede presentar diferente configuración, el resultado que se obtiene es la realidad en la que vivimos; sin embargo, esta realidad es cambiante, evoluciona, no siendo así el resultado de nuestros dados; pero a diferencia de los átomos, nuestros dados no reaccionan.
En este constante reaccionar de la realidad se producen cambios, para los que es dada una nueva configuración más probable del sistema y que suscita el siguiente cambio, y esta concatenación de cambios se da en la medida en que los átomos más inestables van logrando adquirir o desprenderse de electrones en sus capas de configuración, haciendo un sistema, cada vez más complejo y estable al mismo tiempo, tal cual mostraban los dados del ejemplo. Si bien aquí la cantidad de átomos no aumenta, si lo hace la cantidad de compuestos, es decir, de nuevos jugadores con características propias que ejercen su particular influencia sobre el medio y que son posibles en un escenario menos reactivo que el primitivo.
Todo apunta, según parece, que el Universo está inclinado, presentando una pendiente hacia una mayor complejidad y hacia un mayor equilibrio energético, y que todo esto se produce como consecuencia de ser la configuración más probable del sistema. Es decir, que si pudiéramos tomar la realidad y moverla como en un ábaco, sobre un eje bidimensional que represente el tiempo, en la medida en que retrocedemos al pasado, el mundo se vuelve más simple e inestable, con posibilidad de reacciones más violentas, piensen en el big bang, mientras que si nos movemos hacia el futuro la realidad se vuelve más compleja y energéticamente equilibrada. A todo esto se lo conoce como entropía y en el Universo, la entropía siempre aumenta.
Se puede pensar que a nivel diferencial, esto es, de una forma local, se puede disminuir la entropía del sistema, simplificándolo y obteniendo de ello mayor potencial, al aumentar el desequilibrio, lo que puede conllevar en más poder sobre el entorno; pero aunque esto pueda ser así de forma temporal, al contemplar un entorno mayor, vemos como el medio reacciona frente a esta diferencia de potencial de modo que la ventaja pueda ser neutralizada, ya sea combatiéndola sin más recursos de los que se dispone, o adaptándose y evolucionando a un estado que contemple de manera permanente dicha posibilidad, lo que la coloque fuera de efecto. De esta forma, y desde una perspectiva más elevada, vemos como este accionar en favor de una disminución de la entropía, es a la postre, aquello que promueve el aumento de entropía definitivo. Así es que el ascenso vertiginoso de tantos pueblos y gobernantes, a lo largo de la historia, fuera germen de su propia caída, que como en la torre de Babel, en la misma medida en que suman determinación y adeptos para alcanzar el cielo, promueven un contra poder que terminará inexorablemente por dispersarlos.
Todo parece que como los materiales, la única forma de lograr un consenso libre de riesgos, es permitir que cada uno haga lo que quiera en el seno de una sociedad muy numerosa. Cabe la pregunta de si ocho mil millones de personas no son suficientes para ser considerados numerosos, lo cual diría que sí, pero lo que hay que plantearse es si realmente todas esas personas hacen verdaderamente lo que quieren.
El estado nacional bien podría considerarse como uno de nuestros dados del comienzo, el cual puede mostrar su cara socialista, liberal, ecologista, teócrata y así como otras variables pertinentes; cualquiera de ellas puede salir en un momento determinado, y aunque es cierto que el tamaño de las caras de este dado no tienen la misma superficie y algunas de ellas se mostrarán frecuentemente, todas ellas pueden llegar a salir, por lo tanto, no podremos decir de ninguna de ellas que representen verdaderamente la naturaleza de dicho estado.
Para alcanzar la verdadera naturaleza, deberíamos partir este estado en cientos o en miles de micro estados, dejar que cada uno se exprese como quiera, aumentando la entropía del sistema para que el mismo se defina tal cual es al tiempo que reduce su conflictividad; esto tal vez sea posible a través de la ley de jurisdicciones dinámicas.
Sin embargo, y si esto fuera posible, podría convertirse en una especie de torre de Babel, pero a la inversa, ya que el aumento de entropía de dicho estado nacional, podría generar grandes tensiones con un mundo en menor grado entrópico, capaz de ejercer su poder para someter a dicho pueblo, por lo que seguramente sea necesario un estado capaz de garantizar la supervivencia de sí mismo. Pero este escenario de una cantidad creciente de micro estados de forma progresiva bien pueda ser la solución inspirando un proceso similar en otras partes del globo.
Las ideas de la libertad, las cuales, predican que la suma de las acciones individuales, condicionadas únicamente por los intereses individuales de quienes las ejecutan, conducen al bienestar colectivo a través de una suerte de teoría evolucionista de Darwin, en la que cada individuo fuerza la adaptación del otro logrando una escalada de interacción que conduce a la eficiencia, en la que la fuerza que propicia la selección natural, es conceptualizada como una mano invisible que regula la sociedad.
La ley de jurisdicciones dinámicas propone un escenario eminentemente local, donde los ciudadanos se preocupan por cuestiones locales, en un ámbito de mayor objetividad para cualquier ciudadano y alejándose de la abstracción que exige el plano nacional o provincial. Buscando una competencia de jurisdicciones en un escenario que tiende a equiparar la dimensión de las mismas de tal manera que esta competencia egoísta propicie un estado más beneficioso para todos.
Este macro estado de la nación, producto de la suma de un número creciente de micro estados, llevaría, según aumente la entropía, a un estado de mayor equilibrio energético, lo que en asuntos sociales equivaldría a la paz. De esta manera es que se interpreta a la mano invisible o a la selección natural, como el intento de explicar el aumento de entropía.
Si esto no es suficiente diré que la falta de entropía es tal que la gestión de las jurisdicciones, bien podrían ser manejadas por psicópatas u otras variables minoritarias de la realidad humana y sus distintas configuraciones; aumentar la cantidad de jurisdicciones puede ser un buen antídoto para protegerse de estas irregularidades.
El aumento de entropía es por definición nuestra identidad y debería ser objeto de consenso y política de estado.