Si bien la selección natural pone de manifiesto un desequilibrio energético entre competidores, donde aquel individuo mejor dotado tiene más oportunidades de transmitir su configuración al medio, este hecho se enmarca en un proceso mucho más amplio por el cual el equilibrio energético gana terreno a través del individuo seleccionado, cuya configuración se muestra más estable por tener mayor capacidad de supervivencia. Este nuevo detalle en la conformación del individuo propicia un escenario más complejo en el que la próxima selección habrá de proponer una configuración de mayor integración y síntesis, debido a la mayor cantidad de variables ahora presentes. Esta y cada una de las configuraciones propuestas no serán otra cosa que la configuración más probable del sistema, puesto que, en algún punto, un sistema dado prevé ciertas adaptaciones como exitosas o no. Será cuestión de esperar cuales de ellas se sucedan primero para ir develando la configuración definitiva del mismo. Todo este proceso desencadena una realidad de mayor integridad y holismo que oculta cada vez más la verdadera naturaleza del origen de su comportamiento macroscópico y que se construye sobre un número mayor de micro estados debido justamente al éxito de la configuración seleccionada, cuya población crece, aumentando las oportunidades de alojar una nueva configuración a través de alguno de sus miembros debido a que, al final, el azar se demuestra función de la entropía.
Si esto es cierto, en pos de su propio equilibrio, el accionar humano habrá de alcanzar la permacultura. Ahora bien, si el cauce que nos lleva a ella es el de la entropía, entonces habrá de darse la revolución entrópica por medio de la cual el poder del estado, tal cual hoy lo conocemos, quedará sin efecto, relegando a la política a una actividad más de la vida social, ya sin la responsabilidad (que no posee) de encaminar al mundo a la paz.