De Jeremy England a Adam Smith. Mecánica estadística aplicada a la evolución cultural.

La mecánica estadística dice que las cosas se dan como se dan, no porque no puedan darse de otra forma, sino porque para que así sea, existen muy pocos caminos en comparación con los caminos que llevan a la realidad que acontece. 

La realidad se muestra según es la configuración más probable del sistema, y su estabilidad es consecuencia de una interacción aleatoria y compleja, de manera que, a mayor entropía mayor es la estabilidad del sistema.

La entropía mide la cantidad de microestados del sistema.

El Universo tiende a un estado más complejo de la materia como consecuencia del acceso por interacción a un estado de menor potencial, de manera tal que aumenta el equilibrio energético resultando en estructuras más estables. 

Si entendemos la vida, no como un milagro poco probable, sino todo lo contrario, como consecuencia de ser la configuración más probable del sistema; y si consideramos la misma como un universo surgido dentro de otro universo, y forjado según son los principios del primero, observamos que el ser vivo constituye una estructura de gran complejidad y equilibrio energético que busca conservarse a sí mismo y replicarse, y por lo tanto, conservar y replicar dicho equilibrio y dicha complejidad.

En la medida en que el ser vivo se replica más y más, aumentan sus probabilidades de evolucionar, entendiendo de esta manera al azar, encargado de introducir variaciones genéticas en los individuos, no sólo como un hecho fortuito, sino como función de la entropía; a mayor cantidad de microestado del sistema, mayor probabilidad de ser alcanzado por el azar.

De esta forma podemos decir que la causa de la evolución no es el azar, como apuntaría Charles Darwin, sino que lo es la entropía, que no es azarosa, sino que es estadística.

La evolución de la vida es un hecho fascinante, de gran precisión y holismo en el que diminutas variaciones adaptativas que proporcionan un equilibrio energético aún mayor para el individuo que las porta, llevan a los mismos a conformarse como entidades más complejas y a triunfar y reproducirse de forma tal de atraer para sí el próximo y azaroso golpe de suerte.

Cuando uno evalúa la adaptación del individuo, se puede ver inducido a pensar que lejos de dispersar la energía, el ser adaptado la concentra al disponer de nuevas y mejores cualidades, es decir, se conforma en una herramienta capaz de realizar un mayor trabajo, pero este hecho no es cierto desde la perspectiva del universo vivo, puertas para adentro del organismo la energía sí se disipa de forma que la responsabilidad de su supervivencia ahora recae sobre un organismo mejor conformado, con más o mejores elementos con los que hacer frente al desafío de la vida; por otro lado, y desde la perspectiva del Universo gestor, esta circunstancia es tan solo un hecho transitorio, ya que al adaptarse el individuo introduce consigo mismo una variación en el sistema que determinará la configuración más probable de la adaptación de cada uno de los seres que componen el resto del ecosistema, provocando que el ecosistema evolucione como un conjunto, de tal forma que, la adaptación de uno de sus miembros arrastre al resto hacia un estado más complejo de la materia y a una interdependencia cada vez más sutil, todo lo cual lleva a un mayor equilibrio energético del conjunto de un sistema que se desliza por una suerte de sendero fractal en el que la evolución secuencial de los individuos que componen el ecosistema se van integrando unos con otros cada vez más.

De la misma forma en que el Universo une átomos para formar compuestos, y estas estructuras representan un estado de menor potencial, la materia forma alianzas para crear vida. De igual forma que los compuestos son más complejos que los elementos que los conforman por separado, el organismo se moviliza hacia un estado más complejo de la materia. Por último, y de igual modo que la aparición de un compuesto genera un trabajo sobre el medio, por su mera presencia, que induce a la materia según es el sentido de los criterios del Universo, el ser humano hace lo propio con una diferencia, el organismo vivo genera dos trabajos en simultáneo como consecuencia del mismo accionar, un trabajo consciente para la supervivencia del ser y otro invisible (Adam Smith) que por medio del beneficio personal de cada uno de los individuos, propicia la evolución total del entorno hacia un estado de menor potencial.

El conocimiento del bien y del mal, que como señala el génesis, es el comienzo de lo que entendemos por ser humano, bien podría identificarse con el deseo que nos impulsa constantemente a escapar del mal para acercarnos al bien, sea lo que para cada uno signifique este bien y este mal, pero que en definitiva consiste siempre en un intento, a veces errado y a veces no, por lograr un estado de mayor equilibrio energético interior.

Al realizar un trabajo en este sentido, el concepto de bien y de mal empieza a evolucionar hacia formas más complejas, de mayor integridad y holismo, debido a la experiencia con todas y cada una de nuestras excursiones hacia lo que en cada momento consideramos que puede ser bueno, y que de a poco va evolucionando para nosotros mismos.

Con cada paso que la cultura da hacia un estado de menor potencial, la sociedad que la encarna se beneficia e induce al entorno a evolucionar en el mismo sentido.

En este proceso, los conceptos que barajamos, se van transformando hasta comenzar a parecerse cada vez más a la realidad que representan, y esta complejidad que los mismos llevan consigo, comienza a levantarse como un límite a nuestra capacidad intelectual.

Los seres vivos han alcanzado el grado de sutileza que hoy presentan porque, de alguna manera, y aunque el medio no puede considerarse rígido, sino que evoluciona con el tiempo, en términos prácticos puede considerarse como algo estable. Así, una adaptación se agrega a otra precedente que sigue vigente. 

Pero existe un hecho en el periodo transitorio de la evolución de la cultura humana, que ha logrado justo el escenario contrario, uno cambiante, donde las adaptaciones de hoy no sirven mañana, donde se construye sobre material obsoleto que va y que viene, donde se dictan normas que mañana no están, distorsionando la previsibilidad del escenario y favoreciendo incluso, la tendencia hacia estados más simples de la materia.

El liberalismo percibe esto sin entender que la configuración más probable del sistema no pasa por aquella, a través de la cual, todos o casi todos lo entienden de la misma manera.

El intervencionismo es la naturaleza misma sumiendo a todos en una puja de poder por lograr, cada cual, su particular equilibrio energético en base a la sutileza del entendimiento humano de las circunstancias y sus efectos, que siendo limitado, se muestra siempre como una solución que, con el correr del plan, no termina de convencer a nadie, y que, como consecuencia, se revierte sobre otra propuesta con igual destino, por igual causa, induciendo al escenario a un pendular de uno a otro lado, lo que representa la antítesis del escenario donde las adaptaciones se acumularan positivamente.

¿cómo lograr un escenario estable, que permita la evolución, respetando la naturaleza intervencionista del ser? 

Las jurisdicciones son, en esencia, las mismas de siempre, tan solo han crecido en cantidad de habitantes, pero el número total de jurisdicciones se conserva prácticamente estable, generando un marco en absoluto entrópico.

Estas jurisdicciones terminan, en definitiva, representando a una cantidad creciente de individuos, lo que conduce hacia un sintetismo desestabilizador, porque no olvidemos que la estabilidad es consecuencia de la interacción compleja de una realidad aleatoria y los sintetísmos arrojan gran variabilidad de resultados que no se acomodan nunca en torno a un valor representativo que revele “su naturaleza”, una que sólo aflora cuando se estudian las cosas en una cierta cantidad.

Permitir que las jurisdicciones se reproduzcan, aumentando con ello la entropía del sistema, debería aumentar el equilibrio del mismo y, por lo tanto, propongo la ley de jurisdicciones dinámicas.

Esta ley dice que frente a una cierta cantidad de firmas en pos de la creación de una nueva jurisdicción, se procede a un referéndum vinculante que aprobado por una cierta mayoría acepta la propuesta por no menos de un cierto periodo de existencia de la misma.

Lo que aquí se busca es, no solo aumentar la cantidad de microestados del sistema, aumentando la entropía del mismo, sino lograr una homogeneidad en su dimensionado, lo que redunde en la estabilidad del escenario.

El otro elemento que reduce drásticamente la entropía del sistema es el de los trust políticos, a través de los partidos que, presentes en los diferentes niveles electorales, vacían de contenido la discusión local debido al sintetismo extremo que representa el estado nacional y la variabilidad que esto confiere a la realidad de tantos individuos, al arrastrar candidatos, provocando que esta discusión tan apremiante por la escasa entropía que moviliza y el potencial desmedido que representa, eclipsen una realidad que desde lo local solo piensa en lo estatal, una moneda que puede salir cara o puede salir cruz, sacudiendo el escenario de un lado al otro al tiempo que destruye la cultura que se busca construir.

Por esto mismo considero fundamental la ley antitrust de los partidos políticos.

Ningún partido que se presente a competir en el ámbito municipal podrá hacerlo en cualquier otro nivel ya sea provincial o nacional y viceversa. Cada partido competirá en un nivel habiendo varios partidos por nivel compitiendo libremente entre ellos.

Estos partidos podrán compartir ideología con otros partidos de otro nivel pero serán dos organizaciones distintas con nombres y distintivos diferentes.

Sin esta ley, el partido de un signo político que goze de buena posición a nivel nacional, aglutinará el voto de este signo a nivel inferior, y cualquier otro competidor de signo parecido o igual, difícilmente obtendrá participación debido al miedo del ciudadano a perder la elección nacional con todo lo que ello significa. 

El escenario superior, el más sintético y, por lo tanto el más desestabilizante de los escenarios para la evolución cultural, se replica siempre más abajo hasta el punto de vaciar de contenido todo potencial local de variabilidad que la cultura pueda después absorber para su adaptación.

En definitiva, un sistema de gran entropía es un sistema energéticamente equilibrado, lo que en términos sociales equivaldría a un sistema en paz, y esto queda aún más claro cuando observamos que la estabilidad del sistema depende de una alta cantidad de puntos de vista en total libertad de ser, y nunca por medio del adoctrinamiento o del sometimiento.

Es hora de devolver el control al Universo para nuestro propio beneficio sin dejar de ser quien somos, así que solo tenemos que hacer una cosa, mantener alta la entropía y dejarnos llevar tal cual somos y la solución vendrá con nosotros.

Considero que el estado nacional debe limitarse a lo mínimo indispensable para garantizar la estabilidad que las diferentes comunidades necesitan para actuar libremente, por lo que tiene que contar con un marco regulatorio y las entidades capaces de hacer cumplir dicho marco y defenderlo, ya sean fuerzas de defensa, policía y tribunal de justicia, y nada más, ni siquiera legisladores. Quienes excepcionalmente habrán de legislar sobre este marco serán los diferentes fueros de las distintas provincias según sea el peso específico de su voto a nivel nacional, y el ejecutivo un grupo de diplomáticos.

Este peso específico no será lineal en base al número de habitantes que componen dicha jurisdicción, sino que existirá un coeficiente que penalice a las comunidades demasiado grandes o demasiado pequeñas ya que las mismas afectan el valor de la representatividad.

La ley de jurisdicciones dinámicas se espera afecten tanto a municipios como a provincias.

El intervencionismo es una herramienta fabulosa tanto para construir como para destruir, existe un ámbito donde el poder de la misma es muy positivo, por fuera de este ámbito la destrucción es su cualidad más destacable. Se trata de una herramienta muy potente y que, por lo tanto, necesita de un control, como ya apuntaba la idea de la república con la división de poderes para que los mismos se contrarresten; ahora se propone una solución más universal, pero que en esencia es lo mismo, se trata de una propuesta que pretende dar estabilidad al escenario para que el mismo sea fértil en soluciones adaptativas sea cual sea el modelo que rija en cada una de las jurisdicciones. Se busca la necesidad de un consenso menor, un contrato social y universal minimalista que sea posible encontrar entre las configuraciones más probables del sistema cultural que construye la humanidad.

Para lograr un socialismo profundo, hemos de alcanzar primero el liberalismo total, algo que solo puede existir en un sistema de alta entropía.