Hacia una ideología vecinalista

Primer acercamiento a una ideología vecinalista

Queda claro que la trascendencia de la elección nacional vacía de contenido a la contienda municipal, provocando un efecto de arrastre de candidatos y propiciando que muchas de las consignas que se dan a nivel nacional, se repliquen más abajo perjudicando gravemente la calidad de los comicios municipales.

Es por esto que la primera ley fundamental que todo aquel que se considere a sí mismo como simpatizante de la ideología vecinalista debería exigir como mínimo la

  • Ley de compartimentación electoral

Esta ley propone que un partido político debe especializarse en un nivel de gobierno, ya sea municipal, provincial o nacional, pudiendo participar solo en uno de ellos.

Como consecuencia de esta ley se derivan varias repercusiones:

  • Partidos de similar signo político compiten entre sí con igual oportunidad de sumar bancas, sin que uno de ellos arrastre votos por el mejor posicionamiento de su organización a nivel nacional.
  • Se elimina el estigma de horfandad política de aquellos partidos que no cuentan con representación en todos los niveles.
  • Se limita la idea subjetiva de continuidad de consignas entre los diferentes niveles propiciando una contienda de propuestas municipales.

Por supuesto se trata de una propuesta de cambio importante, a nivel electoral, que seguramente plantee muchos desafíos, pero al mismo tiempo no es algo que pueda percibirse como inalcanzable, y creo que este es un factor clave para estimular el intelecto del elector.

Por otro lado la consigna es clara y sus consecuencias suficientemente fáciles de comprender para que la misma sea incorporada por el votante como consigna propia.

Solo esta ley es suficiente para constituir una postura ideológica que posicione a este movimiento a la misma altura que otras ideologías para dejar de ser una anomalía a la que solo se recurre cuando no se ofrece una representación aceptable.

Continuando con la construcción de una ideología vecinalista

En segundo lugar se propone una reforma mucho más ambiciosa, espacio éste en el que es aceptable pensar con un mayor grado de libertad puesto que los “pies en la tierra” los pone la ley de compartimentación electoral.

Se entiende que uno de los pilares del vecinalismo es la idea de “escala humana” los municipios son espacios donde la distancia del ciudadano a los problemas y a sus representantes, son más cercanos y tangibles, es más difícil esconderse y esta cercanía bien aprovechada logra una mayor sutileza en el accionar del conjunto de la ciudadanía.

Se propone el binomio

  • Ley de jurisdicciones dinámicas
  • Ley de representatividad ciudadana

La ley de representatividad aplica un coeficiente que reduce el peso específico de un municipio en la composición de las cámaras alta y baja de la provincia, de tal manera que, supuesta una población ideal (para el ejemplo diremos 100.000 +/- 15.000 habitantes) cuyo coeficiente será uno entre ochenta y cinco y ciento quince mil, en la medida en que un municipio se aleje de estos valores, tanto más lo haga, más penalizará un coeficiente que busca trasladar una realidad sobre el hecho de la representatividad ciudadana como función del tamaño de su ciudadanía y la distancia que la misma impone a la percepción del elector.

Por otro lado la ley de jurisdicciones dinámicas busca crear un canal que brinde cierta agilidad a la creación de nuevas jurisdicciones, las cuales, y para no caer en caos e ineficiencia, una vez creadas, deberán funcionar por no menos de un cierto tiempo, que para el ejemplo podría ser de veinte o veinticinco años.

En conjunto se espera que la consecuencia del accionar de ambas leyes, con el pasar de las décadas, se tienda a una homogeneización de las jurisdicciones, de su representatividad y de muchas de sus soluciones, las cuales podrían más fácilmente ser aplicadas en otras jurisdicciones siguiendo el ejemplo de las más exitosas, pero también de las que peor desempeño tengan.

Llegando a un cambio de paradigma

Aquí se esperaría avanzar con las leyes expuestas en el punto anterior para aplicarlas a las provincias de forma tal de homogeneizar su presión a nivel nacional pero se le suma un cambio importante, no hay más elección provincial, la misma elección municipal determina la composición de las cámaras de la provincia según es el resultado en los municipios y sus coeficientes de representatividad, como resultado tenemos cámaras atomizadas por lo que se aplican una serie de amortigüadores

  • De Provincias a «Macro-Regiones» (Contrapeso de Escala)

Los municipios se agrupan en regiones naturales (cuencas hídricas, polos industriales, zonas climáticas). Esta cámara podría no legislar sobre todo, sino tener poder de veto sobre infraestructuras que afecten a más de un municipio.

Esto obliga a los partidos vecinales a buscar aliados regionales antes de llegar a la capital.

  • Fondo de Cohesión Automático

Establecer una ley constitucional de Coparticipación Inversa. Una parte fija de los impuestos municipales (digamos, el 20%) va a un pozo común que se redistribuye automáticamente mediante un algoritmo basado en el IDH (Índice de Desarrollo Humano).

Se eliminas la discusión política anual sobre el dinero. El sistema se vuelve «ciego» y técnico, reduciendo el roce en el parlamento.

  • Umbrales de Coalición Ideológica

Si el parlamento está atomizado, el gobierno provincial nunca se formaría.

Se introduce una regla de «Bloques de Afinidad». Para presentar un candidato a Jefe de Gobierno, los representantes municipales deben agruparse en bloques que sumen al menos el 15% del peso específico total.

Esto fuerza a los partidos vecinales a encontrar una narrativa común (ej: «Confederación de Municipios Agrarios») antes de entrar al recinto, dándole coherencia al debate provincial/regional.

El sistema de ascensos por instancias puede aplicarse a la elección provincial, aquí un sistema de ascensos y descensos entra a actuar sobre candidatos municipales; para llegar a una instancia provincial se requiere haber pasado antes por una municipal (lo que garantiza experiencia) y contar con ciertos índices de transparencia, desarrollo humano y seguridad aprobados que en el mejor de los casos habilita y en el peor de los casos inhabilita al ejercicio de la política; todo ello matizado por coeficientes que se derivan de las brechas de voto positivo/negativo y voto en blanco que busquen revisar la calidad de los índices frente a situaciones de gran disparidad de datos y posibles fraudes.

Si los intendentes compiten por índices, se hace necesario una auditoría externa independiente tipo INDEC.

Para poder ascender se precisa buena gestión y esta es la llave para avanzar políticamente

Este sistema no buscaría el «progreso» a través de grandes saltos ideológicos nacionales, sino a través de la competencia sana entre municipios: si el municipio vecino funciona mejor con el mismo presupuesto, el ciudadano tiene el ejemplo ahí mismo para exigir cambios.

La variabilidad de formas de gobierno permitiría a los ciudadanos seleccionar con cierto grado de precisión el estilo de convivencia que buscan para sí mismos al tiempo que las auditorías y el sistema de ascensos políticos garantizaría una cierta homogeneidad en índices de calidad de vida de todos ellos.

Habríamos llegado a lo que llamo el Ecosistema Municipal Orgánico Argentino (E.M.O.A)

El ciudadano tiene el poder máximo. Si el intendente se vuelve autoritario o ineficiente, la gente se muda. Si la población cae, el municipio pierde peso político y el intendente «desciende». El mercado de habitantes es el mejor límite a la reelección. Por el contrario, si un municipio crece, necesita dividirse, replicando su éxito en el ecosistema.

Los grandes partidos tradicionales, en el plano municipal, sufrirían una transformación radical: pasarían de ser «aparatos de ideología» a ser algo más parecido a franquicias de gestión.

Se mantiene la elección nacional entre partidos de este nivel con formación de gobierno parlamentario, conformando un sistema híbrido donde el parlamento nacional discute las grandes ideas nacionales y actúa como contrapeso al fraccionado E.M.O.A que es el encargado del bienestar de los ciudadanos.

El parlamento nacional puede intervenir los municipios pero solo bajo criterios técnicos y no políticos.