Levantar la mirada más allá del hoy, y del breve lapso de tiempo que representa el ahora, para dilucidar la cultura que habría de quedar al margen de los modos que se derivan de los distintos estadios por lo que la humanidad transita de forma, a veces breve; nos lleva a intentar una mirada que trate de mezclar presente, pasado y futuro, de tal manera que podamos entender el trazado de nuestra civilización de forma continua y lógica.
Creo en aquella civilización en la cual el ser humano se abraza a ciertas formas, muchas de las cuales, en apariencia, obsoletas, que esconden un alto valor orgánico de gran eficiencia y sostenibilidad al que probablemente volvamos en masa cuando las circunstancias así lo permitan. Porque, en definitiva, son y han sido siempre las circunstancias quienes deciden nuestra forma de vida y por lo tanto el desarrollo de nuestra cultura y civilización, y estas circunstancias nos siguen atando a nuestro pasado fundacional.
En un tiempo que, en términos biológicos pareciera significar apenas un suspiro, algunos piensan que el cambio vertiginoso que el mundo ha dado, podría ser suficiente para dejar al ser humano fuera de juego y desvalido de herramientas para enfrentar su propia supervivencia. Son muchos lo que enfocan, en este sentido, los desarrollos actuales hacia contextos más propios de esta circunstancialidad de origen, recreando ambientes que invitan al cuerpo y a la mente a desenvolverse tal cual lo hicieran según un esquema temporal biológicamente más estable.
Si bien la intención de recrear estos ambientes compatibles con nuestro desarrollo evolutivo ancestral es muy interesante y puede ser muy beneficioso para la humanidad, la búsqueda misma sumerge al ser humano de hoy en una paradoja difícil de resolver pero también necesaria.
Por muy fiel que sea la reproducción de las circunstancias y las interacciones que se dieran en un escenario representativo del pretérito señalado, la materialización del encuentro entre el ser de hoy y dicho escenario significa quizá el antagonismo mayor con aquel humano primitivo «igual» a nosotros. El escenario original no ofrecía otra alternativa a la configuración existente mientras que la actualidad ofrece múltiples escenarios entre los que se deberá tomar la postura pertinente.
Este hecho sume al ser humano, justamente, en un problema que es exclusivo de nuestra era y que nada tiene que ver con la estacionalidad del tiempo biológico, ahora convivimos con una cierta necesidad de artificio que nos lleva a decidir con cierto grado de comprensión cuál es el mejor camino posible frente a las alternativas presentadas.
Incluso cuando este saber se deposite exclusivamente a aquellos expertos que debieran interceder por el resto de los ciudadanos para lograr el beneficio, en la práctica se observa la necesidad de extender la dependencia sobre los políticos puesto que los fondos o las leyes que los primeros necesitan para accionar se los otorgan los segundo, lo cual tampoco es suficiente ya que en ultima instancia es el pueblo el que con su voto decide y siempre existiría una fuerza de dudosa moralidad o diferente parecer que aglutine en urnas un vector diferente al propuesto.
Este escenario que tiende a sacar a la mente y al cuerpo de este estado de idoneidad ancestral, no necesariamente es indicativo de incorrección de la propuesta de generar un conjunto de circunstancias propias del escenario fundacional de la especie humana, sino que demuestra que la propuesta no ha de detenerse en el escenario mismo sino que ha de abordar el camino de regreso a dicho escenario.
Por poner un ejemplo, diré que esta bien que abandonemos la gran ciudad para irnos a vivir a la aldea si es que el entorno que ofrece la aldea es más propicio para que nuestra mente y nuestro cuerpo se desarrollen de forma mas eficiente y saludable, pero siempre y cuando ese cambio de la ciudad por la aldea se de por si mismo de forma natural y diría que casi inconscientemente, sin que la decisión se hubiera de dar por un entendimiento muy sofisticado que exija declinar una opción por otra con la necesidad de sacrificios importantes porque esa realidad es improbable y entra en contradicción con la idea misma de acercarse a la circunstancialidad original en la que tal dilema no existe o no es tan notorio y marcado como lo es en la actualidad.