El organismo no puede entenderse sin el medio, en base a éste, es que el organismo se ha formulado con el objetivo de responder la exigencia permanente que le demanda, y todas las cualidades que le son propias, no pueden sino, referenciarse a este medio en el cual fue hecho.
En la medida en que el organismo se aleja de esta configuración primigenia del medio, las herramientas con las que cuenta comienzan a verse comprometidas tanto más cuanto mayor sea la distancia a ese lugar en torno al cual el valor de la configuración orgánica es máxima.
Por supuesto, el equilibrio en el que se desarrollan los acontecimientos es dinámico y los cambios que se suceden en el medio, necesariamente habrán de generar cambios en el organismo con el fin de adaptarse al mismo y sostener así el valor de su configuración.
Es, por tanto, la relación que existe entre la configuración del medio y la del organismo, lo que determine el centro de nuestro universo, en torno al cual gira nuestra civilización.
El producto de la interacción de las realidades analógicas del ser y del medio, da como resultado una realidad también analógica, cuyo contenido será tan profundo y lleno de información, como la realidad misma, y que constituye un conjunto que la razón tan solo puede gestionar, gracias a la existencia de un mecanismo por medio del cual, esta necesidad que manifiesta el organismo se sintetiza en un concepto, o conjunto de conceptos, identificables, con los que la razón puede trabajar. Estos conceptos no son otra cosa que los deseos y sin este mecanismo de síntesis de la realidad, no sería posible la razón.
El deseo es entonces la interface por medio de la cual nos es posible accionar el razonamiento con el propósito de satisfacer aquellas necesidades que el organismo tiene en relación al medio, y la cultura es el resultado de todos aquellos saberes y costumbres que el ingenio crea con objeto de satisfacer este conjunto de deseos.
La cultura es una extensión de un organismo virtualmente inmóvil frente a un medio que cambia vertiginosamente por causa de nuestro propio accionar.
Por medio de la cultura se trazan puentes que nos ayudan a satisfacer las necesidades del organismo frente a este medio cambiante.
La construcción que el raciocinio produce en base a los conceptos que maneja, se vuelve cada vez más pesada, en la medida en que el mundo digital que construimos se asemeja cada vez más al mundo analógico que intentamos comprender, llevando a la razón a un estado de saturación que deja sin efecto el trabajo de síntesis que nos regala el deseo.
Frente a este estado de saturación se hace necesario sintetizar la cultura, no ya en código digital, sino ahora en formato analógico, de tal forma que la experiencia lograda se transforme como resultado en un medio más próximo al ser humano.
En esta nueva etapa del desarrollo de la civilización ya no solo buscamos salvar las distancias que nos separan de nuestro centro referencial, sino que lo que persigue es directamente arrimarlo a un organismo que no puede cambiar tan rápido, como lo hace el medio como efecto de nuestra irrupción en la naturaleza, lo que dure este periodo de transición hasta el nuevo orden mundial en el cual nuestra presencia no sea ya novedosa y entremos en un régimen virtualmente permanente.