¿Que dice la Biblia?

No siendo conocedor de las escrituras sagradas, más que aquellas escrituras fundamentales que la propia cultura se ha encargado de transmitirme, me han venido a la mente, mientras razonaba el devenir y el fundamento del ser humano, unas líneas que aquí comparto y que me suscitan ciertas analogías con el pensamiento expuesto.  

Y Dios dijo: «Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo. No vaya a tomar también del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre.» 

«Por eso Dios el Señor sacó al hombre del jardín de Edén, y lo puso a trabajar la tierra de la cual había sido formado. Después de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardín unos seres alados y una espada ardiendo que daba vueltas hacia todos lados, para evitar que nadie llegara al árbol de la vida.»

Al comer del fruto del árbol del bien y del mal, despierta lo que nosotros que entendemos por ser humano y que traerá consigo aquella cualidad que romperá el orden mundial por todo el tiempo que necesite el mundo hasta lograr ubicarlo.

El conocimiento del bien y del mal, genera una diferencia de potencial o deseo, que, a diferencia del fundamentado sobre el instinto, éste es variable. De esta manera, el deseo de escapar del mal para acercarse al bien, sea lo que para el individuo signifique este bien y este mal, produce una movilización que lo llevará a chocar con una realidad, la cual devolverá una verdad, en parte asimilable y en parte no.

La asimilación de esta devolución le permite al ser reformular el concepto de bien y de mal emprendiendo incesantemente una marcha cuyo desarrollo proporciona un conocimiento cada vez más profundo, complejo e interconectado, tal cual es la realidad misma, a la que podríamos referirnos como interacción pura. El fin último de este ida y vuelta promete un restablecimiento del ser en el jardín del Edén, y, por lo tanto, en disposición del fruto del árbol de la vida. 

Cuando el señor expulsa a Adán y a Eva del jardín del Edén y extrae para custodiar el árbol de la vida, está marcando el origen y la trayectoria de la humanidad. El origen porque se alimenta del conocimiento del bien y del mal, capacidad a partir de la cual el ser humano se diferencia del resto de seres vivos; y trayectoria porque custodia tras de una frontera inexpugnable el conocimiento que proporciona el fruto del árbol de la vida, y que la humanidad jamás deberá o podrá alcanzar. De uno a otro conocimiento se define la humanidad, y desde el uno hacia el otro es que la humanidad avanza positivamente. Este es el camino que deberemos seguir. 

Entusiasmado por estos descubrimientos, en un acto de extrapolación simple, después de tomar estas notas del génesis, me dirijo al libro del apocalipsis para ver donde concluye todo y, sorpresa la mía, cuando descubro que el libro sagrado finaliza hablando de una ciudad, dando datos de la misma, en la que los seres humanos viven con Dios, donde Dios elimina el trabajo de la humanidad saciando directamente toda fuente de deseo. 

«Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.  Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir…  …Ya está hecho. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le daré a beber del manantial del agua de la vida, sin que le cueste nada.  El que salga vencedor recibirá todo esto como herencia; y yo seré su Dios y él será mi hijo.” 

La nueva Jerusalem, una ciudad que es presentada como un organismo, en cuyo interior, todo funciona con especial armonía y en la que toda transacción el resultado se garantiza hasta el punto de no existir qué pensar o qué esperar con respecto a ella porque no existe incertidumbre ni pena, ni sorpresa en relación a la misma, donde, en definitiva, no existe pasión porque pasión es lo que percibe un organismo cuando transita el mundo, pero no es lo que se siente desde su interior, como espacio establecido para sostener lo que el organismo es, de la manera más eficiente que le sea posible. 

Para todo lo que existe dentro de uno, el organismo vivo es el alfa y la omega y cuando cada célula o componente del organismo tenga sed, recibirá cuanto necesita porque la constitución del ser ya contempla dicha sed y los mecanismos encargados de saciarla ya se encuentran en marcha como una respuesta permanente, y por todo ello el ser se encuentra con vida y la vida se sostendrá mientras el mecanismo mantenga la llama encendida. 

La civilización que estamos construyendo sigue un camino, el del fruto del árbol de la vida, una realidad que jamás podrá alcanzar pero que infiere en su desarrollo los fundamentos de la misma.