Entropismo

“Las mejoras adaptativas son aquellas que pasan a formar parte de un esquema que no persiste o se extingue por la buena o mala gestión que un organismo o entidad pueda hacer de ellos, sino que existen porque responden a un marco amplio y complejo que valida su eficacia y al mismo tiempo la resguarda. Son las leyes naturales quienes abogan por su verdad y por su justicia.” 

El universo se mueve en una dirección en sentido a un estado de mayor equilibrio, y en la medida en que aumenta el equilibrio energético, aumenta la entropía, y este proceso se da por constituir el estado de mayor probabilidad del sistema.

Si concebimos a los seres vivos como estructuras resultantes de dicho estado de mayor probabilidad del sistema y si analizamos el estado energético resultante de estas estructuras creadas, observamos que, internamente, el organismo goza de gran equilibrio y al reproducirse replica su condición de estado de equilibrio en el espacio y en el tiempo, de forma tal que, en su interacción con el entorno, para mantener el equilibrio interior frente a la vida misma y al medio en su conjunto, se produce la conformación de sistemas de equilibrio o ecosistemas.

En un mundo en el que todo reacciona con todo, los seres vivos evolucionan hacia un mayor grado de interacción, permeando el medio de forma que sus interacciones son cada vez más sutiles, de mayor integridad y holismo, ocultando cada vez más la verdadera naturaleza del origen de su comportamiento macroscópico, para generar una respuesta permanente a un mundo que nos exige en todos los planos de la realidad y que como máximo exponente produce los organismos vivientes.

Si existen los seres humanos la configuración más probable pasa por el surgimiento de una lengua escrita, y así también por ingenios y adornos, que por su valor para el equilibrio energético de la persona, se reparan o no, y así como por todo lo que hacemos, hemos hecho o haremos y que pretenden conducirnos a un mejor posicionamiento frente a la supervivencia o el bienestar, a más y mejores lazos con nuestros semejantes para brindar y tener su respaldo, en definitiva la configuración más probable pasa por aquello que la voluntad estima nos conducirá a un mejor equilibrio energético con nosotros mismos y con el entorno.

Y es que ya sea que explotemos en favor propio el incremento de potencial o, lo que es lo mismo, la disminución de la entropía, el resultado será una ventaja temporal que empujará al resto del sistema a neutralizarla, obteniendo a medio y largo plazo un pase asegurado a una configuración de mayor entropía.

La voluntad es una herramienta fundamental en la construcción de la cultura; por medio de ella logramos satisfacer nuestras necesidades. Y es que, la cultura es todo aquello que hacemos con este propósito, el de satisfacer nuestras necesidades. 

El deseo constituye la interfaz por medio de la cual nos aproximamos a entender cuáles son nuestras necesidades reales, o lo que es lo mismo, el potencial que nuestro organismo adquiere en relación al medio.  

Pero la voluntad tiene un costo, la misma implica esfuerzo, y en tanto no se disponga de argumentos suficientes, la voluntad declinará el esfuerzo, y esto será bueno, porque, aunque a nivel particular podríamos relacionar la falta de esfuerzo con la dificultad para realizarnos, es, a pesar de ello, saludable para la vida esta defensa del mínimo esfuerzo, ya que de lo contrario, podrían proliferar tendencias evolutivas que, por exigirnos demasiado, nos conducirían a una serie de rutinas cuyo mantenimiento fuera demandante en exceso, y que de tambalear y quebrarse expondría todo lo que hubiéramos construido hasta ese momento. 

La voluntad es resiliencia en toda su dimensión; en el plano activo cuando se trata de restablecer el orden perdido, y en el plano pasivo cuando escatimando esfuerzos, nos induce a encontrar soluciones más simples, sintetizadoras e integradoras que lleven nuestro mundo hacia formas más sencillas de reconstruir, en definitiva, hacia un estado de menor potencial y, por lo tanto mayor equilibrio energético y mayor entropía.

De esta ley del mínimo esfuerzo, se puede decir que la voluntad cobra su verdadero sentido cuando el esfuerzo que se exige deviene en un nuevo escenario en el que el esfuerzo a realizar será menor que en el anterior escenario. El diseño es lo que se espera de la voluntad después de que la misma se haya experimentado lo suficiente dentro de un escenario determinado. Por tal motivo esta ley incluye la posibilidad de grandes y tediosos esfuerzos, que, aunque para el individuo así sea, para el conjunto significará un esfuerzo mínimo cuando dicho esfuerzo lo realice una minoría, explicando por qué la evolución favorece la diversificación. 

La diversificación no es otra cosa que el aumento de los estados posibles, estados que permitirán la experimentación cuyos avances asumirá la mayoría cuando los mismos cumplan los requisitos necesarios para considerarse ventajas adaptativas, reflejándose así en el macro estado proyectado.

El nivel de adaptación está íntimamente relacionado con la capacidad que tiene un ser de satisfacer un conjunto de deseos en un escenario determinado. En la medida en que medio ambiente y ser se distancian entre sí, mayor dificultad encuentra el ser para satisfacer este mismo conjunto de deseos. Esta distancia entre el ser y el medio es el centro de nuestro universo. Todo gira en torno a esta relación, y no importa cuánto cambie el medio o cuanto cambiemos nosotros, el juego es siempre el mismo, permanecer próximos el uno del otro, donde el esfuerzo, la voluntad y el deseo tienden a desaparecer. Y dado que esta mayor proximidad sitúa al ser en la necesidad de un esfuerzo menor frente a la satisfacción del deseo, este grado de proximidad será medida del grado de libertad en tanto aquello de lo que ya no tengamos que ocuparnos, o, debiendo hacerlo, se torne una tarea de menor urgencia, y así como también de menor exigencia. 

La libertad es reflejo del grado de adaptación al medio de un individuo o sociedad, una adaptación que, a su vez, es producto del aumento de los micro estados del sistema, los cuales permiten mayor variabilidad al tiempo que definen de forma más exacta el estado indefinido vinculante, logrando que las diferentes perspectivas, dentro de una sociedad, sean más independientes de este macro estado resultante, por todo lo cual se puede decir que la libertad es reflejo del grado de entropía del sistema.

La humanidad es capaz de arrancar del medio aquello que es objeto de su deseo, pues el concepto mismo identifica, en su naturaleza digital, sus fines como entidades completas en sí mismas, parcelando la realidad y modificándola sin atender al conjunto de sutilezas que, por el contrario, dan forma y ligan al mundo analógico en el que nos encontramos inmersos. Estas rupturas parciales del medio, desencadenan una serie de consecuencias cuyos efectos descolocan a un ser que se aleja lenta pero inexorablemente del medio para el que fue hecho, generando nuevos interrogantes, conceptos más complejos, y un mayor entendimiento de la realidad con el que intentará aproximarse nuevamente en la construcción de diseños más integradores. 

En esta escalada de integración, la humanidad encuentra su horizonte de saturación; superar este horizonte implica abrir un nuevo horizonte donde fuera posible, de alguna manera, sobrepasar la cultura digital para avanzar sobre la cultura orgánica. 

La naturaleza variable de la voluntad, cuyo objetivo final consiste en desaparecer, no permite a la humanidad superar este estado de saturación diseñando sistemáticamente sobre la voluntad misma del ser; ésta dejará de cumplir dichos contratos tan pronto le sea posible, sin arrojar solución de la que desligarse por lograr la integración suficiente, debido justamente a un esquema que necesita de una voluntad ahora ausente o atenuada. Por este motivo es prioridad reducir al máximo todo contrato social, o dicho de otra forma, avanzar en la pérdida de información.

La resolución de éste conflicto pasa por los mismos canales por medio de los cuales hemos avanzado hasta donde nos encontramos; permitir que la voluntad avance en su retroceso para adentrarnos sobre un horizonte orgánico. Esto sucede en la medida en que logramos retirarnos del control activo de la solución, es decir, cuando permitimos que la solución transite el camino de su propia independencia; será a partir de este momento que estaremos entrando en un estadio protoorgánico, a través del cual, la solución adquiere identidad propia y en cuyo horizonte más avanzado la misma adquiriría vida. 

La entropía es una ley que como la de la gravitación universal provoca la precipitación de la materia en forma en que ésta favorezca, se encamine, o de pie a la vida, y la civilización es un reflejo de ella.

No siendo conocedor de las escrituras sagradas, más que aquellas escrituras fundamentales que la propia cultura se ha encargado de transmitirme, me han venido a la mente, mientras razonaba el devenir y el fundamento del ser humano, unas líneas que aquí comparto y que me suscitan ciertas analogías con el pensamiento expuesto.  

Y Dios dijo: «Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo. No vaya a tomar también del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre.» 

«Por eso Dios el Señor sacó al hombre del jardín de Edén, y lo puso a trabajar la tierra de la cual había sido formado. Después de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardín unos seres alados y una espada ardiendo que daba vueltas hacia todos lados, para evitar que nadie llegara al árbol de la vida.»

Al comer del fruto del árbol del bien y del mal, despierta lo que nosotros entendemos por ser humano y que traerá consigo aquella cualidad que romperá el orden mundial por todo el tiempo que necesite el mundo hasta lograr ubicarlo.

El conocimiento del bien y del mal, genera una diferencia de potencial o deseo, que, a diferencia del fundamentado sobre el instinto, éste es variable. De esta manera, el deseo de escapar del mal para acercarse al bien, sea lo que para el individuo signifique este bien y este mal, produce una movilización que lo llevará a chocar con una realidad, la cual devolverá una verdad, en parte asimilable y en parte no.

La asimilación de esta devolución le permite al ser reformular el concepto de bien y de mal emprendiendo incesantemente una marcha cuyo desarrollo proporciona un conocimiento cada vez más profundo, complejo e interconectado, tal cual es la realidad misma, a la que podríamos referirnos como interacción pura. El fin último de este ida y vuelta promete un restablecimiento del ser en el jardín del Edén, y, por lo tanto, en disposición del fruto del árbol de la vida. 

Cuando el señor expulsa a Adán y a Eva del jardín del Edén y extrae para custodiar el árbol de la vida, está marcando el origen y la trayectoria de la humanidad. El origen porque se alimenta del conocimiento del bien y del mal, capacidad a partir de la cual el ser humano se diferencia del resto de seres vivos; y trayectoria porque custodia tras de una frontera inexpugnable el conocimiento que proporciona el fruto del árbol de la vida, y que la humanidad jamás deberá o podrá alcanzar. De uno a otro conocimiento se define la humanidad, y desde el uno hacia el otro es que la humanidad avanza positivamente. Este es el camino que deberemos seguir. 

Entusiasmado por estos descubrimientos, en un acto de extrapolación simple, después de tomar estas notas del génesis, me dirijo al libro del apocalipsis para ver donde concluye todo y, sorpresa la mía, cuando descubro que el libro sagrado finaliza hablando de una ciudad, dando datos de la misma, en la que los seres humanos viven con Dios, donde Dios elimina el trabajo de la humanidad saciando directamente toda fuente de deseo. 

«Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.  Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir…  …Ya está hecho. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le daré a beber del manantial del agua de la vida, sin que le cueste nada.  El que salga vencedor recibirá todo esto como herencia; y yo seré su Dios y él será mi hijo.” 

La nueva Jerusalem, una ciudad que es presentada como un organismo, en cuyo interior, todo funciona con especial armonía y en la que toda transacción el resultado se garantiza hasta el punto de no existir qué pensar o qué esperar con respecto a ella porque no existe incertidumbre ni pena, ni sorpresa en relación a la misma, como espacio establecido para sostener lo que el organismo es, de la manera más eficiente que le sea posible. 

Para todo lo que existe dentro de uno, el organismo vivo es el alfa y la omega y cuando cada célula o componente del organismo tenga sed, recibirá cuanto necesita porque la constitución del ser ya contempla dicha sed y los mecanismos encargados de saciarla ya se encuentran en marcha como una respuesta permanente, y por todo ello el ser se encuentra con vida y la vida se sostendrá mientras el mecanismo mantenga la llama encendida. 

La civilización que estamos construyendo sigue un camino, el del fruto del árbol de la vida, una realidad que jamás podrá alcanzar pero que infiere en su desarrollo los fundamentos de la misma.

Cuando estudiamos las estructuras sociales, ya sean territoriales, administrativas, etc., lo observado en este campo es básicamente el de un estado de conservación, en absoluto entrópico, de manera tal que las jurisdicciones, administraciones, etc., no han sufrido cambios sustanciales desde la formación de los estados modernos o incluso mucho antes. Dichos armados crecen en tanto lo hace la población a la que responden.

Estas estructuras representan los micro estados de un estado macroscópico que surge como resultado del sumatorio de los micro estados existentes; la entropía vaticina un inexorable aumento en el número de micro estados que, en la medida en que así crecen, definen mejor y mejor el macro estado más estable acorde a las leyes universales, y que, por otro lado significa una mejor representación de la opinión pública general, lo que nos aproximaría a la paz y redundaría, muy posiblemente, en el macro estado de mayor estabilidad pronosticable.

Si aplicáramos la entropía a dichas estructuras sociales, el número de jurisdicciones debería tender al aumento, con más ciudades, más administraciones, etc., En la reticente lucha contra la entropía del sistema, las administraciones se hacen más y más grandes, diluyendo la verdadera voluntad del individuo en representaciones más ambiguas y cada vez menos personalizadas, por lo que se puede asegurar que la entropía aplica siempre y de una forma u otra la información siempre se pierde.

En favor de la entropía, el sistema debe promover la proliferación de micro estados, de tal manera que sean todos posibles, huyendo de la idea de cancelar aquellos que se perciban como adversos o peligrosos, pues sólo lo son en la existencia de un conjunto escaso de micro estados entre los que podrían antinaturalmente destacar, mientras que su existencia en un conjunto libre y cuantioso de micro estados, podría ser meramente anecdótica y lejos de significar un riesgo, me atrevería a decir que afianzarían la postura general al mostrar sus falencias de forma aislada y seguramente fugaz.

Paradójicamente el intento de controlar el devenir de la civilización humana hace más factible la proliferación de posturas antinaturales y riesgosas para la salud de la civilización al sintetizar los cimientos sobre los que se edifica nuestra construcción social y mostrar ilusoriamente un estado improbable como norma aceptada.

Así pues creo que se debe definir un sistema de surgimiento dinámico de estructuras sociales que promueva la formación y reformulación de estas mismas estructuras sociales para licuar esta civilización sólida y las moléculas que forman el tejido social se desparramen como un líquido más o menos viscoso que ocupe el espacio de interacción en una forma de mayor estabilidad y concordancia con la verdadera naturaleza que nos rodea y que somos.

A partir de un cierto volumen poblacional, los ciudadanos, por medio de una solicitud respaldada por un número representativo de firmas de dicho volumen ciudadano en un territorio de determinada continuidad espacial, deberían tener acceso directo a una consulta vinculante que, en caso de prosperar mediante una mayoría determinada, genere por, no menos de un tiempo prudencial, la nueva estructura administrativa.

En cualquier caso, el camino del control pasivo, aquello que nos permita superar el estado de saturación de la cultura, no deja de ser para nosotros un salto de fe, los resultados van a venir acompañados de una neblina de difusas razones, pero lo importante es entender que esta es una realidad en la que siempre hemos estado inmersos solo que ahora se ha de contemplar y asumir, de manera tal que el mecanismo que genere dicha solución habrá de construirse sobre bases coherentes que hagan posible el control pasivo de la solución hacia la que nos dirigimos.