Objetivo

El objetivo es el de llevar la civilización a aquel estado de configuración que resulte una vez transcurrido el periodo transitorio que se ha de suceder desde la irrupción de la humanidad y su potencialidad, al régimen estacionario al que se accedería una vez alcanzado el nuevo equilibrio u orden mundial.

Este nuevo orden implica la idea de una estabilización en volumen y distribución de la especie, y así como eficiencia tecnológica y administrativa, por supuesto siempre dentro de un margen de variabilidad no demasiado significativa que le confiriera este estado de estabilidad cuasi permanente, entre otros factores, que como resultado dejarían al descubierto la realidad socio-constructiva de la especie, o lo que es lo mismo, la escala propia de su esquema básico de constitucionalidad.

La determinación de esta escala humana es el objetivo que se plantea, sin la necesidad de que la misma surja como consecuencia de los factores antes mencionados, para lo cual, se haría necesario transitar un proceso que seguramente fuera mucho más largo, pero que definitivamente y más importante, constituiría un camino más doloroso para los seres humanos.

Hay que mencionar que ese estado de eficiencia administrativa invita a pensar que, en su mayor parte, el destino de aquellas sociedades quedarían reguladas por el descentralizado sentido común de los seres humanos, que por otro lado no deja de ser un elemento que como toda realidad, nos gobierna ya sea que lo percibamos o no y que, por lo tanto, puede significar un problema tanto o más importante cuanto más nos alejemos de ello.

La dificultad estriba en que el sentido común que nos induce a la congregación, y con ello a potenciar nuestra naturaleza en el pasado, también la sabe sobrepasar y en esta incursión a una dimensión desmesurada de nosotros mismos, se produce una serie de consecuencias que terminan por deformar el medio en el que vivimos hasta al punto que nos vemos desvalidos de herramientas para la correcta adaptación por volverse las mismas inútiles ante un nuevo tipo de potencialidades que nos arrastran por un mundo a todas luces mas siniestro y que como resultado prometen un largo peregrinar por caminos oscuros para el ser humano.

La lucha que supone imponer la voluntad humana a la compleja reacción que se produce del choque entre la naturaleza humana y la realidad del medio que habitamos, es decir, al conjunto de circunstancias, es tal que el volumen de información, acciones y hechos a tener en cuenta supera con creces el potencial de nuestro accionar. Se trata por tanto de encontrar aquel contrato social mínimo, o minimalista, que pueda enfocar esta voluntad circunscrita para hacerla valer al controlar aquellos parámetros estratégicos que logren encaminar el desarrollo, de forma tal que, al menos en términos evolutivos, seamos capaces de viajar en el tiempo hasta aquel estado de encuentro con la naturaleza revelada que nos lleve a vivir en armonía con nosotros mismos y con el mundo en el que vivimos.

Este contrato minimalista, pareciera indicar que la humanidad puede tomar este atajo, encaminándose directamente en la búsqueda de este esquema particular o propio, y así como también a iniciar la redistribución de sus comunidades, y todo ello por el camino de la empírica, sin exigirse nada distinto de lo que es y sin transformar el medio más que en los parámetros que el contrato indica bajo la condición que dice:

-“Se expropiarán terrenos de forma lineal e ininterrumpida con el fin de urbanizar.”