Fundamentos teóricos de la Cultura Proto-Orgánica

(La contra intuitiva naturaleza de la voluntad)

La voluntad es una herramienta fundamental en la construcción de la cultura; por medio de ella logramos satisfacer nuestras necesidades. Y es que, la cultura es todo aquello que hacemos con este propósito, el de satisfacer nuestras necesidades. 

El deseo constituye la interfaz por medio de la cual nos aproximamos a entender cuáles son nuestras necesidades reales, o lo que es lo mismo, el potencial que nuestro organismo adquiere en relación al medio.  

Pero la voluntad tiene un costo, la misma implica esfuerzo, y en tanto no se disponga de argumentos suficientes, la voluntad declinará el esfuerzo, y esto será bueno, porque, aunque a nivel particular podríamos relacionar la falta de esfuerzo con la dificultad para realizarnos, es, a pesar de ello, saludable para la vida esta defensa del mínimo esfuerzo, ya que de lo contrario, podrían proliferar tendencias evolutivas que por exigirnos demasiado, nos conducirían a una serie de rutinas cuyo mantenimiento fuera demandante en exceso, y que de tambalear y quebrarse expondría todo lo que hubiéramos construido hasta ese momento. Es por eso que el camino correcto, necesariamente ha de satisfacer este principio. Por otro lado, la necesidad de un esfuerzo mesurado responde simple y llanamente a los límites que determina nuestra realidad humana. 

La voluntad es resiliencia en toda su dimensión; en el plano activo cuando se trata de restablecer el orden perdido, y en el plano pasivo cuando escatimando esfuerzos, nos induce a encontrar soluciones más simples, sintetizadoras e integradoras que lleven nuestro mundo hacia formas más sencillas de reconstruir, en definitiva, hacia un estado de menor potencial. 

De esta ley del mínimo esfuerzo, se puede decir que la voluntad cobra su verdadero sentido cuando el esfuerzo que se exige deviene en un nuevo escenario en el que el esfuerzo a realizar será menor que en el anterior escenario. El diseño es lo que se espera de la voluntad después de que la misma se haya experimentado lo suficiente dentro de un escenario determinado. Por tal motivo esta ley incluye la posibilidad de grandes y tediosos esfuerzos, que, aunque para el individuo así sea, para el conjunto significará un esfuerzo mínimo cuando dicho esfuerzo lo realice una minoría, explicando por qué la evolución favorece la diversificación. 

El nivel de adaptación está íntimamente relacionado con la capacidad que tiene un ser de satisfacer un conjunto de deseos en un escenario determinado. En la medida en que medio ambiente y ser se distancian entre sí, mayor dificultad encuentra el ser para satisfacer este mismo conjunto de deseos. Esta distancia entre el ser y el medio es el centro de nuestro universo. Todo gira en torno a esta relación, y no importa cuánto cambie el medio o cuanto cambiemos nosotros, el juego es siempre el mismo, permanecer próximos el uno del otro, donde el esfuerzo, la voluntad y el deseo tienden a desaparecer. Y dado que esta mayor proximidad sitúa al ser en la necesidad de un esfuerzo menor frente a la satisfacción del deseo, este grado de proximidad será medida del grado de libertad en tanto aquello de lo que ya no tengamos que ocuparnos, o, debiendo hacerlo, se torne una tarea de menor urgencia, y así como también de menor exigencia. 

La humanidad es capaz de arrancar del medio aquello que es objeto de su deseo, pues el concepto mismo identifica, en su naturaleza digital, sus fines como entidades completas en sí mismas, parcelando la realidad y modificándola sin atender al conjunto de sutilezas que, por el contrario, dan forma y ligan al mundo analógico en el que nos encontramos inmersos. Estas rupturas parciales del medio, desencadenan una serie de consecuencias cuyos efectos descolocan a un ser que se aleja lenta pero inexorablemente del medio para el que fue hecho, generando nuevos interrogantes, conceptos más complejos, y un mayor entendimiento de la realidad con el que intentará aproximarse nuevamente en la construcción de diseños más integradores. 

En esta escalada de integración, la humanidad encuentra su horizonte de saturación; superar este horizonte implica abrir un nuevo horizonte donde fuera posible la transcripción de la cultura digital a la cultura orgánica. 

La naturaleza variable de la voluntad, cuyo objetivo final consiste en desaparecer, no permite a la humanidad superar este estado de saturación diseñando sistemáticamente sobre la voluntad misma del ser; ésta dejará de cumplir dichos contratos tan pronto le sea posible, sin arrojar solución de la que desligarse por lograr la integración suficiente, debido justamente a un esquema que necesita de una voluntad ahora ausente o atenuada. Por este motivo es prioridad reducir al máximo todo contrato social.  

La resolución de éste conflicto pasa por los mismos canales por medio de los cuales hemos avanzado hasta donde nos encontramos. Permitir que la voluntad avance en su retroceso exige un importante esfuerzo en materia de transcripción del conocimiento adquirido hacia formas analógicas. Se trata de arrojar al mundo una solución que genere, a través de un acto simple, la satisfacción del deseo que la misma evoque, siendo además difícil de eliminar.

A través de este proceso se busca generar un cambio persistente en las circunstancias humanas, un nuevo escenario capaz de condensar el recorrido previo de forma que nos aproximemos a solucionar problemas cuyo origen sea cada vez más reciente. 

Esto sucede en la medida en que logramos retirarnos del control activo de la solución, es decir, cuando permitimos que la solución transite el camino de su propia independencia; será a partir de este momento que estaremos entrando en un estadio protoorgánico, a través del cual, la solución adquiere identidad propia y en cuyo horizonte más avanzado la misma adquiriría vida. 

La vida es una ley que como la de la gravitación universal provoca la precipitación de la materia en forma en que ésta favorezca, se encamine, o de pie a la vida, y la civilización es un reflejo de ella.