Ciudad lineal

La ciudad lineal no es un fin en sí mismo, se propone como una etapa más en el desarrollo de la civilización humana y su objetivo es el de brindar a la especie la dimensión de su estructura social y así como también la distribución de las mismas sobre la geografía planetaria. 

Partiendo de la base de que la especie humana es la única que carece de dicho dimensionado, pero entendiendo que existe una dimensión tal que, en torno a la misma, se diera una eficiencia sobresaliente del conjunto de las estructuras sociales, se piensa que la humanidad y el mundo aún no han alcanzado el estado de equilibrio tal que permitiera la generalización de este estado de eficiencia y que, por lo tanto, se entiende que nos encontramos aún bajo los efectos de nuestra propia irrupción en el Universo. 

Entendiendo que el camino a través del cual relativizar el tiempo en nuestro favor no puede volcarse sobre la voluntad misma del ser, ni tampoco de las instituciones, es que surge la idea de una ciudad lineal como elemento cuasi autónomo, capaz de generar objetivos propios. 

La ciudad lineal toma el testigo de una ciudad cualquiera, ya sea que funcione bien o mal, y modifica la geometría de la misma, lo que provoca un cambio en la oferta de los valores urbanos y con ello redistribuye la riqueza; además, estimula un crecimiento constante que crea estructura nueva, la cual, irá diferenciándose de la estructura precedente en base a las experiencias previas, lo que devendrá en formas más eficientes; todo ello al tiempo que, de forma paulatina, redistribuye la población a lo largo del territorio. 

Por supuesto, existe la necesidad de un quiebre, que probablemente no se hace imprescindible para que la humanidad alcance el estado estacionario al que esta predestinada, pero que se hace fundamental para que se haga efectiva la relativización del tiempo, y según se entiende, éste quiebre habrá de ser lo más sutil y sencillo que sea posible. De este modo, el contrato social se reduce a la condición mínima de extender un paquete de servicios de forma lineal e ininterrumpida, ya sea que la velocidad de extensión de este conjunto de servicios sea mínima. 

Este contrato social casi irreductible, debería llevar a la humanidad en pocos siglos a lograr la dimensión propia de la estructura social de la especie y la distribución que se espera, con todo lo que esto lleva aparejado. A partir de aquí y de la mano de una población más estabilizada, continuaría el perfeccionamiento de todas aquellas ciudades en la búsqueda de un perfil único, diferenciados solo por las circunstancias locales.